EL ENCANTADOR PUTREFACTO - LAS TETAS DE TIRESIAS, GUILLAUME APOLLINAIRE

El encantador putrefacto, novela - Las tetas de Tiresias, teatro, Guillaume Apollinaire, ed. Losada, 2009

Traducción y prólogo: MF

 

 

El gran renombre de Guillaume Apollinaire se basa en dos libros fundamentales para la literatura moderna: Alcoholes, de 1913, y Caligramas, de 1918, abrieron puertas por las que iba a pasar una parte importante de la poesía del siglo XX. Pero además Apollinaire escribió otros libros menos conocidos y no sólo de poemas, sino también de cuentos, obras teatrales, ensayos sobre arte y sobre literatura y recopilaciones de artículos periodísticos. Dentro de esa obra tan valiosa, El encantado putrefacto tiene un lugar muy particular. En principio porque es, justamente, el primer libro publicado por Apollinaire, a fines de 1909. Y también porque, escrito al mismo tiempo que la mayoría de los poemas de Alcoholes y los cuentos de El heresiarca y cia., se encuentran en él muchos elementos que serían los de toda su obra.

La mayor parte del texto la escribió Apollinaire en 1899. El dato biográfico es significativo. Primero por su edad de entonces, diecinueve años. Entonces él, su madre y su hermano llegan y se instalan en París después de una primera infancia en Roma y Bolonia y doce años de mudanzas por Mónaco, Cannes, Niza, Aix les Bains y Lyón. Después de haber leído mucho empieza a escribir, y se enamora de Maria Dubois, la primera de muchas mujeres que conoceríamos por sus poemas, y, en ese vértigo de fin de todo y principio de todo que provocan los últimos meses de un siglo, este hijo de una joven polaca y padre desconocido, nacido en Roma, donde su abuelo era un importante funcionario vaticano, y bautizado como Guglielmo Alberto Wladimiro Alessandro Apollinare de Kostrowitzky, finalmente decide nombrarse a sí mismo para siempre Guillaume Apollinaire.

El encantador putrefacto se inspira en la leyenda del mago Merlín, su nacimiento, sus poderes mágicos, su amor por Viviane y su encierro a manos de ella en una tumba en el corazón de la floresta de Brocelandia. La historia se remonta a la literatura medieval del siglo XIV, y Apollinaire la retomó para escribir su propia versión con absoluta libertad y le agregó personajes e historias de la mitología germana, la Biblia, la antigüedad griega y romana, y sus propias preguntas sobre el amor y la relación entre los sexos, transformándola en un drama filosófico y lírico “cuyas raíces”, como el mismo Apollinaire redactó en el boletín de suscripción previo a la primera edición, “se extienden muy lejos, hasta las profundidades célticas de nuestras tradiciones”. La base del texto fue escrita en forma de diálogos entre Merlín (el encantador), Viviane o Eviene (la dama del lago), y todo un desfile de personajes históricos y mitológicos, reales o imaginarios, tanto animales como humanos. Muchos personajes de El encantador putrefacto reaparecen en textos posteriores. No sólo Merlín, Lilith y Morgana, en diferentes poemas de Alcoholes, sino Isaac Laquedem, el judío errante del cuento El paseante de Praga, con los otros inmortales: Simón el mago, Empédocles, Enoch, Elías y Apolonio de Tiana, todos citados también en un verso de Zona, ese poema que abre Alcoholes con su primer verso célebre: “Al fin estás cansado de este mundo antiguo”. Un mundo de lecturas que nunca lo abandonarían. También hay algunos poemas, como la Canción de Orkenise (que el compositor Francis Poulenc musicalizaría años después), en la tradición de canciones populares que Apollinaire admiraba. Diálogos teatrales, poemas, canciones, narraciones, tipografía, historia, lírica, dibujos: Apollinaire puro.

La primera versión de El encantador putrefacto apareció en 1904 en números sucesivos de la revista El festín de Esopo, que Apollinaire había fundado con su amigo André Salmon. Ese mismo año conoció a Vlaminck y André Derain, unos pintores que vivían cerca del Vesinet, el pueblo de las afueras de París donde vivía, y "...de una serie de conversaciones nocturnas entre vecinos -según Salmon-, nació en él la ambición de consagrarse a la defensa de la pintura moderna". Es el principio de la estrecha relación entre Apollinaire y la vanguardia plástica de la época, Vuillard, Bonnard, Sert, Maillol, Picasso, Braque, etcétera, documentada en todos los artículos, crónicas, ensayos y catálogos de exposiciones que escribió sobre ellos. Ese acercamiento a la plástica, que conduciría a los Caligramas, donde el poema es a la vez dibujo, también influyó en la forma final de El encantador putrefacto. Aquella primera versión fue levemente reducida, se le agregó un primer capítulo que es una trascripción casi literal de un fragmento de Lancelot du Lac, según una adaptación en prosa del siglo XVI, y un final, “Onirocrítica”, escrito en 1907 y publicado en el número 20 de la revista La falange, en febrero de 1908.

Con “Onirocrítica” (crítica del sueño) ya estamos en pleno surrealismo, término que Apollinaire inventó para describir su obra teatral en verso Las tetas de Tiresias, drama surrealista en dos actos y un prólogo. En el prefacio a esa obra, Apollinaire escribe: “Para caracterizar mi drama usé un neologismo que se me perdonará porque no suelo hacerlo, y forjé el adjetivo surrealista, que no significa simbólico...”. Reaccionaba contra una forma de representación que ya no era verosímil, sino puramente convencional. Se proponía volver a la naturaleza, pero no a la manera de los fotógrafos, sino a la manera de los poetas. “Cuando el hombre quiso imitar la marcha, creó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Así, hizo surrealismo sin saberlo”. ¿Qué buscaba definir con ese término nuevo que pasó casi sin traducción a todos los idiomas y a la historia del arte? Las tetas de Tiresias muestra una nueva realidad y nuevas formas de abordarla. La obra fue escrita en 1903, con algunos agregados en 1916, antes de su estreno. De vuelta el tema son las relaciones entre mujeres y hombres, con referencias muy directas a la actualidad del momento: la guerra, de la cual Apollinaire participaba entonces como soldado voluntario, el nuevo lugar de las mujeres en la sociedad y el problema de la insuficiente repoblación francesa, que noventa años después sigue teniendo vigencia. En 1944, Poulenc compuso su primera ópera basada en este texto, donde se vuelve a encontrar el gran talento inventivo de Apollinaire unido a su lírica, a su humor y a su valoración tanto del arte popular como de ciertos textos tradicionales.

En cuanto a la edición original de El encantador putrefacto, era un auténtico libro de arte. Primer volumen de una colección de Henry Kahnweiler que anunciaba su continuación con Saint Matorel, un libro de Max Jacob con aguafuertes de Picasso, tuvo una tirada de ciento cuatro ejemplares firmados. Derain trabajo exclusivamente con grabados en madera. Además de las ilustraciones, muy sensuales, de mujeres desnudas, y de paisajes de la floresta virgen y algunas figuras de animales, el libro tenía todo un trabajo tipográfico y de imprenta muy especial. La tipografía era en negrita, y las ilustraciones frondosas. La puesta en página variaba. Los márgenes se reducían o aumentaban según las páginas, lo mismo que el interlineado, que a veces era irregular, haciendo que el texto se espaciara cada vez más hacia el final de la página. Algunos textos formaban figuras sobre el fondo blanco: un corazón, un escudo, una lanza en cuyo canto se lee EL ENCANTADOR. En “Onirocrítica” las líneas se separan acompañando la dispersión del relato a favor de una serie de imágenes. Las letras floridas, las molduras y las viñetas adquieren tanta importancia como la narración. En definitiva, el acto poético es uno solo, narrativo-plástico. Semejante trabajo de impresión debió ser muy complejo. En un texto corto de 1918, El convento de la calle Douai, Apollinaire enaltece la memoria del imprentero que lo hizo posible: “Cada vez que paso por la esquina de la calle Douai y la plaza Clichy, en el lugar donde ahora hay una escuela y donde antes de la separación había un convento donde fue impreso mi primer libro: El encantador putrefacto, pienso en el señor Paul Birault.” El mismo Birault ya había impreso su primer catálogo de pintura, para una exposición de Braque, y más tarde compondría algunos de los poemas de Caligramas.

El gusto por los libros ilustrados de la Edad Media y las ediciones antiguas sumados a la plástica vanguardista, y la historia del mago Merlín puesta en imágenes poéticas que anunciaban el surrealismo, dieron como resultado este libro; otra manera de Apollinaire, que sabía “de lo antiguo y de lo nuevo todo lo que un solo hombre podría saber de los dos”, de decirnos que el arte sólo se renueva profundizando en sus raíces, y que al mundo “sólo lo renuevan los que están fundados en poesía”.

Para terminar quiero agradecer la colaboración de Gabriela Goldberg para la traducción de los poemas de El encantador putrefacto, todos con métrica fija y rima en el original, rima que sólo se mantuvo en uno, la Canción de Orkenise, para poder transmitir el ritmo y el sentido de todos con la mayor fidelidad posible.

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