NO SE ENCADENA A LOS VOLCANES, ANNIE LE BRUN

No se encadena a los volcanes, ensayo, Annie Le Brun, ed. Argonauta, 2011

Traducción: MF

 

 

Al elegir referirme a “Sade o el primer teatro del ateísmo”, me encuentro ante el desafío de presentar en poco tiempo al “espíritu más libre que jamás existió”, para retomar las palabras de Apollinaire. 
Por eso comenzaré atrayéndolos, con algunas citas, a todo lo que no podré evocar esta noche de su deslumbrante manera de pensar, en la que el humor compite con la metafísica, la subversión con la grandeza y la rebelión con la poesía. Esto es una apertura:

Cuando ya no quede un sólo hombre sobre la tierra, las cosas no irán mejor que ahora (...) Nada fue creado para nosotros, miserables criaturas como somos (...). La naturaleza prescindiría tan bien de nosotros como de la especie de las hormigas o de la de las moscas.

Hasta que yo no sea rehabilitado, no se azotará a un gato en las provincias sin que digan: Es el marqués de S.

¡Oh! ¡Qué enigma es el hombre!, dijo el duque. –Sí, mi amigo, dijo Curval. Y eso fue lo que le hizo decir a un hombre muy ingenioso que era mejor cojérselo que comprenderlo. 

Su alma era tan negra como blanco su culo.

(...) la belleza es lo simple, la fealdad es lo extraordinario, y todas las imaginaciones ardientes prefieren siempre en cuanto a lubricidad lo extraordinario a lo simple.

Me atrevo a asegurar en una palabra que el incesto debería ser la ley de todo gobierno basado en la fraternidad.

Se coje a una cabra en cuatro patas mientras lo azotan. Le hace un hijo a esa cabra, al que a su vez encula, aunque sea un monstruo.

Usted se ruboriza, pequeño ángel, se lo prohíbo, el pudor es una quimera.

(...) ¡qué placer el culo de un loco! Y yo también estoy loco, doble Dios maldito; me enculo a locos, acabo en los locos, me dan vuelta la cabeza, y sólo quiero cojérmelos a ellos.

Dios es el único error que no puedo perdonarle al hombre.

Después de este florilegio, pueden imaginarse que uno no se puede limitar a presentar a Sade como un simple filósofo ateo, sino que se trata de mostrar en qué su ateísmo le es constitutivo. Y en qué ese ateísmo es único, a causa del funcionamiento mismo de un pensamiento cuya insumisión esencial lo aleja de la filosofía propiamente dicha para acercarlo paradójicamente al teatro.
Teatro real, teatro virtual, es alrededor de este espacio imaginario donde la vida y la obra de Sade se confunden para hacer surgir, como un nuevo lugar mental, lo que yo llamo el primer teatro del ateísmo.